Memoria, resistencia y dignidad popular: 100 años de la huelga inquilinaria de 1925
Por: Mgtr. Marcelina Samaniego
Este 11 de Octubre, frente al Museo Afroantillano de Panamá de conmemoró 100 años de la Huelga Inquilinaria de 1925, gesta recordada por Pensionados y Jubilados por Panamá (PEJUPA), organización de la que formo parte desde 2024. La huelga, es uno de los acontecimientos más significativos de la historia social de Panamá
Aquel movimiento, nacido en los barrios populares de El Marañón, Santa Ana y Calidonia fue una rebelión de los sectores más humildes -principalmente afroantillanos, obreros y trabajadoras domésticas- contra el aumento arbitrario de los alquileres y las deplorables condiciones de vivienda. En ese momento vivía el país las consecuencias del control estadounidense sobre la Zona del Canal, la desigualdad económica y la exclusión racial.
Las viviendas eran insalubres, los salarios bajos y los precios de los alquileres se duplicaban sin justificación. La huelga fue una respuesta organizada desde las bases con la creación de comités de inquilinos que llamaron a suspender el pago de los alquileres como forma de protesta. La reacción del poder fue violenta. El Ejército de los Estados Unidos, con apoyo de la Guardia Nacional panameña reprimió brutalmente a los manifestantes.
Decenas de personas fueron asesinadas. Pero el espíritu de resistencia, no fue derrotado. La huelga dejó una huella profunda en la conciencia popular y marcó el surgimiento de las primeras formas de organización obrera y comunitaria en Panamá.
A cien años de distancia, su mensaje sigue vigente. El acceso a la vivienda digna continúa siendo un desafío para miles de familias. La especulación inmobiliaria, los desalojos y la exclusión urbana son problemas que golpean especialmente a los sectores más pobres y racializados de la ciudad.
Por eso, conmemorar la huelga inquilinaria no es solo mirar el pasado: es afirmar la continuidad de las luchas por justicia social y por el derecho a la ciudad. Es reconocer la dignidad, de quiénes, desde su pobreza, levantaron la voz por un país más justo.
Desde el Museo Afroantillano, espacio de memoria y resistencia, rendimos homenaje a las mujeres y hombres que en 1925, sembraron la semilla de la organización popular. Su ejemplo nos recuerda que la vivienda, no es un privilegio: es un derecho y que la memoria de los pueblos que luchan no se borra, se multiplica.


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